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Y de nosotros ¿quién se ocupa?

Javi, de once años, en la puerta de su casa, junto a su hermano de seis, al ver cómo se llevan a su madre, con sida, al hospital en una ambulancia, acompañada de su abuela, lanza esta pregunta: «Y de nosotros ¿quién se ocupa?».
                  «Cuida de tu hermano y cierra la puerta», recibió como respuesta.
                  Esta pregunta, en sus miles de formulaciones y variantes, la hemos escuchado al acercarnos a la infancia y juventud más excluida y vulnerada. Ha tocado nuestras fibras más profundas, interpelándonos. Pero dejada así, al aire, nos sitúa en escenarios muy lejanos a los «Javis» de este mundo. Ahora, incorporada a nuestra mirada, orienta un caminar junto con unas vidas que nos han hecho vislumbrar que estamos habitando un terreno sagrado que no nos pertenece.
                  Son vidas que nos hacen participar de la mirada compasiva con la que Dios las contempla: «Yo no te olvidaré. Fíjate: en las palmas de mis manos te llevo tatuada» (Is 49,15s). Nos llevan a conectarnos con la responsabilidad de Dios por cada una de ellas: «En sus manos está la vida de todo viviente y el espíritu de todo hombre» (Job 12,10). Y, en definitiva, nos permiten acompañar humildemente el dinamismo protector del propio Dios, protegiéndolas de todo peligro: «No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre […]. Si atraviesas el agua, yo estaré contigo: los ríos no te anegarán. Si pasas por el fuego, […] la llama no te abrasará» (Is 43,1s).
                  «Y de nosotros ¿quién se ocupa?» vuelve a sonar insistente, acompasando el grito del hombre al borde del camino, que ha sido vapuleado y expoliado (cf. Lc 10,30-37), para interpelar nuestros rodeos, la mirada compasiva o la capacidad de acompañar hasta el final. Pero se vuelve silenciosa cuando nos ayuda a visibilizar a los lázaros de todo tiempo, para romper los ritmos insensibles de nuestra vida de Epulón (cf. Lc 16,19-31) y así debilitar los muros que nos imposibilitan «ver a Dios» y poder educarnos en una mirada contemplativa del Reino de Dios que crece a nuestro alrededor. Y otras muchas veces retumba después de tiempos de acompañamientos estériles, de esfuerzos, desvelos, fracasos y éxitos que nos llevan a preguntarnos: «¿Cuándo te vimos? ¿Cuándo te escuchamos?» (cf. Mt 25,31-46). «Lo que hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis».
                  «Y de nosotros ¿quién se ocupa?» nos hace profundizar en una fe que ve la aflicción, que ha oído el clamor que arrancan los opresores y que conoce todas las angustias que hay detrás (cf. Ex 3,7). Una fe que interpela y se expresa en la exigencia de una justicia que haga realidad la promesa de una vida propia, digna y reconciliada, una tierra donde mana leche y miel (cf. Ex 3,8).
                  «Y de nosotros ¿quién se ocupa?» es el lugar que habitan miles de niños, niñas, jóvenes y adolescentes a los que el sector social de la provincia (Red Mimbre) quiere acompañar de formas diversas –unas veces en barrios, otras en centros de acogimiento, en formación o educativamente– desde la cercanía, generando espacios seguros, promoviendo su dignidad, denunciado lo que mata y construyendo su futuro junto con ellos. Así se concreta el compromiso con la fe y la justicia, siguiendo la inspiración de la Congregación General 32. Pocas realidades hay tan invisibilizadas o apaleadas, desprotegidas y vulnerables. Están ahí: sin haber hecho nada, pero están ahí, con su vulnerabilidad. Su grito enmudecido alienta una respuesta que lleva de la mano a la fe y la justicia.
«Y de nosotros ¿quién se ocupa?». Javi y su hermano movilizaron una respuesta que con el tiempo los llevó a su propia tierra de leche y miel, generando un imaginario de esperanza real que ilumina los horizontes de las vidas que nos encontramos tendidas y al borde de los caminos.

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