Si me preguntan qué es lo que más me ha ayudado a ser sacerdote, aunque uno pueda pensar en los estudios de Teología – necesarios y fundantes – , o en la pastoral con jóvenes y su acompañamiento y formación como lo que más me ha ayudado en el ejercicio del ministerio, hay una experiencia que supuso un punto más importante en lo que hoy vivo.
En 2009 fui enviado a Salamanca. Desde la inquietud de mis estudios de Derecho y el deseo de salir a lo desconocido pedí ser voluntario de Cáritas en la prisión de Topas. Después de la formación mientras tramitaban los permisos llegó el momento de ir.
El primer año comencé en el módulo de aislamiento – primer grado penitenciario. No sentí miedo, sí respeto e impresión. Iba acompañando primero a una trabajadora de Cáritas de la que aprendí mucho y luego a un alfarero – anarquista hombre de Dios – que hacía un taller de cerámica. En Topas aprendí algo fundamental en el ejercicio del ministerio sacerdotal: a no juzgar a no preguntar demasiado y a asumir que nuestra misión es acompañar y aliviar. Actitudes que vivo hoy como esenciales en el sacerdocio, de manera especial, aunque no sólo, en el sacramento de la reconciliación.
El segundo año llevé un taller en el módulo de respeto. Lo mejor de la tarde eran los ratos de antes y después en el patio con los reclusos. Llegaba a olvidar que estaba en una prisión y que eran personas privadas de libertad… en la conversación veía que sus ilusiones y miedos eran los mismos que los míos: el futuro, la familia, la salud… incluso había tiempo para hacer bromas y chistes. Pero al terminar la tarde había que salir de nuevo a un mundo tan permisivo como inmisericorde con el que cae… quizá por eso saquemos las prisiones de la ciudad, para olvidarnos de que allí podría estar cualquiera.
Al llegar a la comunidad necesitaba silencio, necesitaba orar, ponerme delante del Dios que se hacía tan oculto y patente en aquellos patios de la prisión.

Un hilo que no se rompe
No sabría decir cuándo empezó todo. Quizá porque, cuando intento nombrar una experiencia concreta, me doy cuenta de...




