Compañía de Jesús · Provincia de España

Historias

Cincuenta años iluminando el camino de SAFA

Año 1941. Un niño entra en una de las nuevas escuelas que se están fundando en localidades de la provincia de Jaén. Tiene nueve años, pero no parece pasar de seis. El pelo, rapado. La ropa, grande y ajada; la cabeza gacha y los ojos inundados de tristeza. En su casa han quedado su madre y tres hermanos. De su padre no se habla. No trae nada en las manos. Sobre su cuerpo endeble, mugre y hambre; en su corazón, miedo y soledad; y en su alma, derrota y desesperanza. En unos días en esa escuela, la mugre y ese vacío permanente en el estómago desaparecen. En unas semanas, se siente querido y acompañado. Y en unos meses, intuye que la vida puede ser de otra manera, que hay esperanza para él.

                  Esta es la historia de muchos niños, que encontraron un futuro que no habrían tenido de otra manera en las escuelas de SAFA, las que el Padre Villoslada impulsó junto a personas buenas al acabar la guerra civil.

                  Hay palabras que no lo cambian todo, pero lo explican todo. Que no abren caminos nuevos, pero iluminan el que uno ya está recorriendo. Que no marcan distancia, sino que ofrecen sentido. Eso fue el decreto Fe-Justicia para SAFA: una confirmación serena, un horizonte común, una manera de nombrar lo que durante años se venía viviendo de forma sencilla y comprometida.

                  Porque en SAFA, desde su origen, la educación ha sido una forma de fe. Una fe que se siembra entre pupitres. Una fe que se escribe en el acompañamiento, en la acogida, en el amor que se pone en quien más lo necesita. Y también una fe que no se entiende sin justicia. Porque enseñar, cuando se hace desde el corazón, también es reparar, levantar, dar oportunidades. También es dignificar.

                  Cuando se habló de una fe que promueve la justicia como núcleo de la misión, en nuestras comunidades educativas no hubo sorpresa. Hubo reconocimiento. Como cuando alguien dice en voz alta lo que tú ya intuías, lo que llevabas tiempo practicando sin ponerle nombre.

                  Desde entonces, el decreto Fe-Justicia ha sido una brújula para SAFA. Ha dado hondura a lo que hacemos. Ha renovado el porqué de tantas decisiones. Nos ha recordado que no educamos solo para formar, también para transformar. Que no formamos solo mentes sino también corazones. Que cada alumno importa no por lo que logra sino por lo que es.

                  Y esa convicción nos ha unido en lo cotidiano, en lo concreto, en lo que no aparece en las programaciones, pero define una escuela. Nos ha hecho sabernos parte de una misión compartida, de una Iglesia que quiere estar en las fronteras. Y nos ha reconciliado también con nuestras propias limitaciones, recordándonos que educar es sembrar, no siempre ver el fruto.

                  Hoy, al celebrar los cincuenta años de aquel decreto, lo hacemos desde la gratitud. Por haber podido vivir una misión así. Por seguir caminando con otros que creen y esperan. Por saber que la fe y la justicia, cuando se dan la mano, transforman.                   Y ese, hoy más que nunca, sigue siendo nuestro propósito.

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