Las raíces

Un Encuentro de Provincia dedicado a conmemorar los 50 años de vigencia del Decreto 4 de la Congregación General XXXII tenía que empezar explicando qué es el binomio Fe-Justicia, sus orígenes, su contexto, su razón de ser y también, sus tensiones. Y todo eso lo hizo Patxi Álvarez de los Mozos SJ, en una profunda y emotiva reflexión en la que recordó la radicalidad de la misión, la necesaria cercanía a las víctimas, la necesidad de dejar a un lado el miedo. “En tiempos convulsos de guerra, mentira y hombres sin piedad”. Hoy, como hace 50 años, la intuición de Arrupe sigue viva en la misión y en la reflexión: “No se puede trabajar en la promoción de la justicia sin pagar un precio”. Arrupe también lo pagó, incomprendido por quienes hace 50 años no entendieron el binomio Fe-Justicia que, con su tensión interna, sigue hoy impregnando la misión de la Compañía de Jesús. Las raíces, pues, se plantaron hace medio siglo pero continúan arraigando, que es lo suyo.
La presencia

En el fondo del auditorio de Loyola. Con su testimonio. Con sus rostros. Sus nombres. Sus vidas entregadas. En la Eucaristía en el albergue. Ocupando asientos. Entre el resto. Han escuchado, pero han hablado. Su eco ha resonado en el Encuentro. Son los mártires jesuitas, el precio con la vida de promover una justicia que brota de la fe. Los pilares de la memoria colectiva de lo que supone el binomio Fe-Justicia. Ignacio Ellacuría, Vicente Cañas, Joao Bosco Penido, James Finnegan, Sergio Restrepo Jaramillo, Victor-Luke Odhiambo y así hasta 57 mártires jesuitas desde la promulgación del Decreto 4 de la Congregación General XXXII.
La velada

La música es un lenguaje que llega a territorios donde solo la palabra no alcanza. Es capaz de sumergirnos, de conectarnos, se infiltra por rendijas hasta abrir paso a la luz. La música abre puertas por donde luego entran emociones que se abren paso de otra manera, a veces incluso golpean el corazón. Eso sucedió en la velada musical en la que Enric, Erwyn y Dani nos sacudieron con su repertorio de godspell jazzeado trufado de testimonios como el de Seve Lázaro SJ, que nos acercó la realidad de la misión en Níjar que abre las puertas de hospitalidad en Casa Arrupe a migrantes “que lo pierden todo, porque se incendia o derriban la casa en la que viven”. Fe-Justicia sobre el terreno, ser puerta abierta donde todas se cierran.
El barro

El barro como hilo conductor en el Encuentro en Loyola, un lugar cuya etimología más fiel nos dice que Loyola nace de la unión de lohi (barro o lodo) y ola (cabaña o ferrería). Es Loyola por tanto la «cabaña del barro». Es el lugar donde la materia más pobre, la que se pega a las sandalias, entra en el taller para ser transformada. Reconocernos «barro» es aceptar que estamos en proceso, que la misión del Decreto 4 no es un concepto teórico, sino una forma de dejarse amasar por la realidad. Y en barro se modelaron los ecos de los talleres dedicados al Proyecto Apostólico, piezas luego convertidas en ofrenda. Como nosotros y nosotras, ofrendas a Dios humildes y frágiles como el barro.
La carta

“Querido P. Arrupe,
Le escribimos esta carta un grupo de jesuitas y amigas y amigos, laicas y laicos que compartimos la misión de la Compañía de Jesús en España.” Así arrancaba la carta que Josep Mª Rambla SJ escribió a Arrupe y a la que puso voz Cipri Díaz Marcos SJ, asistente regional del Padre General. Una carta intercalada con momentos de la vida de Arrupe, con su propio testimonio. Como sus palabras en su última reunión en Bangkok: “¡Por favor, sed valientes! Os diré una cosa. No la olvidéis. ¡Orad, orad mucho!”. Que así sea el homenaje diario a Arrupe en la renovada misión que da continuidad a aquel decreto que unió para siempre fe y justicia. Arrupe, aquel que, como dice su biografía, fue testigo del siglo XX y profeta del XXI.
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